sábado, 25 de junio de 2011

El esplendor de la Tradición en la Misa papal de San Marino

La Buhardilla de Jerónimo El Papa Benedicto XVI realizó, el pasado domingo, una visita pastoral a la diócesis de San Marino-Montefeltro, en la República de San Marino, donde celebró la Santa Misa, en una ceremonia que se destacó particularmente por el cuidado y la dignidad de la Liturgia. Presentamos la interesante entrevista que Messainlatino realizó al joven liturgista de la diócesis, que tuvo a su cargo la preparación de dicha ceremonia.
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Don Marco, ¿quiere tener la amabilidad de compartir con los lectores de Messainlatino sus observaciones generales sobre la celebración eucarística del domingo pasado? ¿El Papa ha apreciado?


¡Ha sido una jornada espléndida e inolvidable! Como Delegado para la Liturgia de la Visita del Santo Padre, se me permitió realizar, en sintonía con las indicaciones recibidas de la diócesis, algunas opciones bien precisas que, si bien podrían parecer pequeñas a los ojos de muchos, en realidad tenían un único objetivo: favorecer la educación en la fe del pueblo de Dios que se reuniría en torno al Sucesor de Pedro en una situación (un estado de fútbol) ciertamente no óptima.


Por los comentarios recibidos de las personas que entre ayer y hoy encontré, pienso que este objetivo ha sido alcanzado. Más allá de las realizaciones más o menos perfectas de tales opciones.


Pero, valga para todos, el comentario sincero y espontáneo del Papa que, al final de la celebración, dijo a Mons. Negri: “Excelencia, gracias por esta bella celebración y por la música que habéis elegido: ¡me parecía estar en casa!”.


La parte musical fue seguida (y en parte ejecutada) por un querido hermano, que supo combinar sabiamente las mejores tradiciones del canto litúrgico de la Iglesia: el gregoriano (las antífonas del Missale Romanum), los corales (como, por ejemplo, el “Te alabamos, Trinidad”, traducción de un canto alemán querido por el Papa) y la música instrumental (una Misa de Mozart).


En lo que respecta, en cambio, a las opciones hechas para la Santa Misa, nos hemos servido de jóvenes excelentes, provenientes tanto del Seminario de Bolonia como también de otros muchachos que normalmente ayudan en Misa, también en la forma extraordinaria: esto nos permitió estar seguros de los movimientos y tranquilos en lo que concierne a los gestos, que algunos podrán considerar como algo de poco valor, pero que creemos que son igualmente importantes que todo lo demás. Y de este modo, ver a todos los ministros hacer la inclinación, junto al Papa y los obispos concelebrantes, cuando era nombrado el nombre de Jesucristo, ha sido realmente conmovedor. También porque, más allá de que un muchacho pueda comprender determinados gestos, el hecho mismo de hacerlos lo ayuda a comprender.


No siendo todos seminaristas, había dado también indicaciones precisas sobre el modo de vestir: una persona me ha agradecido por haber visto “tantos sacerdotes vestidos como sacerdotes”.
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En los límites impuestos por el elástico Novus ordo Missae, ha habido ulteriores opciones litúrgicas realizadas por usted que han infundido fuertes elementos de continuidad tradicional en el rito, en plena adhesión, por otro lado, al diseño litúrgico restaurador del Papa Benedicto que, evidentemente por esto, se ha sentido “como en casa”.


¿Otras opciones? Hemos decidido que se rece el Canon Romano (en latín, como pide la Santa Sede) porque, además de considerarlo un signo de homenaje al Santo Padre, es ciertamente rico desde un punto de vista teológico. Las críticas no han faltado: “pero no se comprende, es demasiado difícil para la gente normal”. La respuesta que dimos, ciertamente un poco apresurada, es esta: “Bien, ¡de este modo estarán más atentos!”. Y debo decir que en aquel estadio, durante la Plegaria eucarística, ¡se han oído sólo las palabras de los concelebrantes y el sonido de la campana!


Hemos querido también que el altar realizado para la ocasión pudiese resaltar como lugar: se hizo de dos maneras. En primer lugar, utilizando un frontal muy antiguo y de valor, pero sobre todo poniendo sobre el altar siete candeleros muy preciosos con el Crucifijo en el centro. Debo decir, tal vez con una pizca de orgullo, que también aquí hemos logrado el objetivo, visto que muchos me han dicho que su mirada fue atraída por aquella belleza, fija en aquel punto. ¡Y estamos hablando, lo repito, de un estadio, no de una basílica romana!
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Es verdad que se trata de la diócesis de Mons. Negri pero… ¿no le han reprochado estas opciones?


En realidad, no pienso que mi comisión haya hecho opciones “excepcionales”: personalmente trato sólo de comprender las señales que nuestros Pastores, comenzando por el Santo Padre, están dando y han dado. Lamentablemente, fuera del coro unánime y positivo, algunos sacerdotes nos han reprochado haber “adornado el altar de ese modo”. A uno de ellos le respondí: “Puedo entender que a usted no le agrade (la contra-propuesta era poner dos candeleros pequeños de un lado y flores del otro) pero pienso que, como yo, debería al menos tener la humildad de hacerse dos preguntas: ¿por qué la indicación es hacerlo de esta manera? Y la segunda: siendo sacerdotes, ¿por qué nos resulta tan difícil comprender estas opciones?


Y aquí llegamos a la cuestión de la comunión. En particular suscitó perplejidades a algunos el hecho de que, en las moniciones preparadas, se hubiese añadido la siguiente frase: “La Comunión, según las disposiciones universales vigentes, será distribuida sólo y exclusivamente en la lengua…”. Un sacerdote me reprochó diciéndome que no podíamos decir algo así teniendo en cuenta que en Italia se puede recibir la Comunión en la mano. Le hice notar, sin embargo, que lo que se había dicho era correcto. De hecho, según las “disposiciones universales vigentes”, la Santa Comunión puede ser distribuida sólo en la lengua. Distinta es la situación en Italia (y en otros países) en donde, a través de un indulto de la Santa Sede y por pedido de las Conferencias Episcopales, se permite también recibirla en las manos. Además, y es este el caso, la opción de la Diócesis estaba bien ponderada a causa del carácter extraordinario de la situación…
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En efecto, es la primera vez, por lo que sabemos, en que se da un claro mensaje a los fieles y se los invita a recibir la comunión en la lengua (y, si es posible, de rodillas), dando también una sucinta catequesis eucarística y recordando la obligatoriedad de la previa confesión. Este es el texto difundido antes de la Misa: “Los fieles que, habiéndose confesado, se encuentran actualmente en estado de Gracia y que, por lo tanto, pueden recibir el Santísimo Cuerpo del Señor, se acercarán al ministro más cercano a ellos. La Comunión, según las disposiciones universales vigentes, será distribuida sólo y exclusivamente en la lengua, con el fin de evitar profanaciones pero sobre todo para educarnos en tener una cada vez mayor y más alta consideración del Santo Misterio que es la Presencial Real de Nuestro Señor Jesucristo. Por lo tanto, no será permitido a nadie recibir la Comunión en las propias manos. Después de haber hecho la debida reverencia, adoraremos la Hostia que es sucesivamente apoyada sobre la lengua. Para quien no estuviese impedido por motivos de espacio o de salud, la Comunión puede ser recibida también estando de rodillas”. Explíquenos un poco.


El motivo de esta opción y la consiguiente prohibición de dar la Comunión en la mano surgió de dos reflexiones: la primera es contingente y es la de evitar que sucediese, como tantas otras veces, de encontrar en alguna subasta online las Hostias consagradas por un Papa; pero sobre todo deseábamos con este gesto que se pudiese ayudar al pueblo a comprender la sublimidad de tal Misterio y, por lo tanto, a tener un mayor respeto por él. Un sacerdote me dijo que “las manos no son ciertamente menos dignas que la lengua”. Esto es cierto, pero también es ciertamente más difícil que las Hostias caigan, ¡sobre todo en una situación particular como la Misa en un estadio! El pueblo ha entendido, ha apreciado y muchos han venido agradecer, ¡también de entre aquellos que no me lo habría esperado! Mirabile dictu!
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Pero no ha sido sólo la Misa del domingo, durante el viaje del Papa…


En Pennabilli, pocos tal vez lo han visto en directo, ha habido al menos una particularidad digna de mención.


Preparando el libreto del encuentro buscamos elegir los cantos de modo que tomáramos en consideración las propuestas que la Comisión de Pastoral Juvenil había hecho. De este modo, junto a Jesus Christ de Frisina, añadimos una canción de escucha que pudiera dejar a los jóvenes con la boca abierta: “Gloria a Dios”, de la Misa Criolla. Comprendo que ha sido una opción arriesgada incluso en un contexto para-litúrgico, pero al final el Santo Padre estaba tan conmovido que incluso aplaudió por la belleza del canto. Al final, un canto cielino a la Virgen: “Ave Maria, Splendor del Mattino”.


Al igual que en el óptimo almuerzo en la Casa San José (el lugar que nos hospedaba y donde luego reposó el Papa), hubo un dulcis in fundo. Se trató de un canto que, según el decir de un altísimo prelado presente en el atrio de la Catedral, mientras lo cantaba con todo el aliento posible, “no se escuchaba desde hacía muchísimos años”. ¡El canto ha sido nada menos que “Bianco Padre”!


Habría podido cambiar todo pero personalmente deseaba que pudiera ser cantado en vivo: ha sido extraordinario ver a cinco mil jóvenes (según los periódicos) cantar en la presencia del Papa este canto dedicado a él. Y pienso que, para la educación de nuestro pueblo, ha sido fundamental para comprender todo el amor que nosotros debemos tener por el “dulce Cristo en la tierra”.
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¿El Papa lo apreció?


El Papa estaba entusiasmado: cuando fue el momento de los saludos, me agradeció mucho por el trabajo realizado, diciendo que toda la jornada había estado caracterizada por la belleza (¿o Belleza?) que permitió vivir con oración y devoción esta visita que, incluso con la particularidad del huésped, ¡es siempre una visita pastoral!


Sólo puedo esperar que esta visita a San Marino-Montefeltro pueda servir de ejemplo (ciertamente no es el único y tal vez tampoco el mejor, aún si deseo que el “espíritu” haya sido el correcto) y permita dar un paso más hacia aquella sana visión teológico-litúrgica en la cual el Papa está tratando de educar a la Iglesia de Cristo. ¡Porque sólo de este modo el círculo hermenéutico entre lex credendi y lex orandi se puede realizar sin dificultades!
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